De que me ayuden a que me apoyen: el papel de los apoyos en la vida independiente

Cuando hablamos de vida independiente, muchas veces pensamos en una persona que puede hacer las cosas por sí misma: preparar su comida, organizar su casa, utilizar el transporte público, gestionar su dinero o tomar sus propias decisiones. Pero ¿ser independiente significa hacerlo todo sin ayuda?

La respuesta es no.

La vida independiente no significa no necesitar a nadie. Significa, entre otras cosas, poder tomar decisiones sobre nuestra propia vida y contar con los apoyos necesarios para llevarlas a cabo.

AYUDAR NO ES HACER LAS COSAS POR OTRA PERSONA.

En ocasiones, cuando queremos ayudar a alguien, tendemos a hacer las cosas por esa persona. Lo hacemos con buena intención y, a veces, porque pensamos que así será más rápido o más sencillo. Por ejemplo, si una persona tiene dificultades para preparar una comida, podemos terminar preparándola nosotros. Si tiene dificultades para organizar una tarea, podemos organizarla nosotros. Si tarda más tiempo en hacer algo, podemos hacerlo directamente para evitarle el esfuerzo.

Sin embargo, cuando hacemos constantemente las cosas por otra persona, podemos estar reduciendo sus oportunidades de aprender, decidir y participar.

Apoyar es diferente.

Apoyar significa preguntarnos: ¿qué necesita esta persona para poder hacerlo por sí misma?

Quizá necesite que le expliquemos los pasos. Quizá necesite una receta con fotografías, una agenda, un recordatorio, que le acompañemos las primeras veces o simplemente que le demos tiempo. El objetivo no es que la persona haga las cosas exactamente como las haríamos nosotros, sino que pueda hacerlas de una manera que funcione para ella.

CADA PERSONA NECESITA APOYOS DIFERENTES

No existe una única manera de ser independiente.

Una persona puede necesitar ayuda para gestionar su dinero, pero desenvolverse perfectamente utilizando el transporte público. Otra puede necesitar apoyo para cocinar, pero organizar por sí misma sus citas y actividades.

Por eso, los apoyos deben ser individualizados y adaptarse a las necesidades, capacidades, preferencias y objetivos de cada persona. Además, los apoyos pueden cambiar con el tiempo. Algo que hoy necesitamos hacer acompañados puede que mañana podamos hacerlo con menos ayuda. Y también puede ocurrir lo contrario: podemos necesitar más apoyo en determinados momentos o ante situaciones nuevas.

Lo importante es que el apoyo acompañe a la persona, y no sustituya su capacidad para decidir.

DAR TIEMPO TAMBIÉN ES APOYAR

Hay un apoyo que puede parecer sencillo, pero que muchas veces olvidamos: dar tiempo.

Las personas no hacemos las cosas todas al mismo ritmo. Una persona puede necesitar unos minutos más para organizarse, comprender una información o encontrar una solución. Cuando nos adelantamos constantemente, damos las respuestas o hacemos la tarea antes de que la persona tenga oportunidad de intentarlo, estamos quitándole una oportunidad de participar.

A veces, apoyar consiste simplemente en esperar.

Esperar. Preguntar. Escuchar. Dar una oportunidad.

PODER EQUIVOCARSE TAMBIÉN FORMA PARTE DE APRENDER

Vivir de manera independiente implica tomar decisiones y, por supuesto, también equivocarse. Podemos olvidarnos de comprar algo, gastar más dinero del previsto, equivocarnos con una receta o no saber cómo resolver un problema. Los errores forman parte del aprendizaje.

Esto no significa que las personas tengan que enfrentarse solas a situaciones que puedan suponer un riesgo. Significa que debemos encontrar un equilibrio entre proteger y permitir aprender. En lugar de evitar cualquier posibilidad de error, podemos preguntarnos:

¿Cómo podemos apoyar a esta persona para que pueda intentarlo de una manera segura?

DE “YO LO HAGO” A “¿CÓMO PUEDO APOYARTE?”

Este cambio de mirada puede parecer pequeño, pero tiene una gran importancia. No es lo mismo decir:

“Déjalo, yo lo hago.”

que preguntar:

“¿Qué necesitas para poder hacerlo tú?”

No es lo mismo dar una respuesta inmediatamente que ayudar a la persona a encontrarla. No es lo mismo decidir qué va a hacer que preguntarle qué quiere hacer. Y tampoco es lo mismo acompañar a una persona en sus decisiones que tomar las decisiones por ella.

La diferencia está en poner a la persona en el centro.

EN UNA VIVIENDA, LOS APOYOS FORMAN PARTE DE LA VIDA COTIDIANA

En una vivienda tutelada, esto se ve especialmente claro. Las tareas de la casa, la convivencia, las compras, la organización del tiempo libre, el cuidado personal o la gestión del dinero ofrecen cada día oportunidades para desarrollar autonomía. El papel de los profesionales no es hacer que todo funcione sin dificultades, sino acompañar a cada persona para que pueda participar en su propia vida tanto como sea posible.

A veces el apoyo será enseñar. Otras veces será recordar. En ocasiones será acompañar. Y otras, simplemente estar disponibles.

Porque apoyar también significa saber cuándo retirarse y dejar espacio.

SER INDEPENDIENTE NO SIGNIFICA ESTAR SOLO

Quizá esta sea una de las ideas más importantes.

Ser independiente no significa no necesitar a los demás.

Todos necesitamos apoyos en diferentes momentos de nuestra vida. Pedir ayuda cuando la necesitamos también es una habilidad relacionada con la autonomía.

Una persona independiente es aquella que puede expresar lo que quiere, tomar decisiones sobre su vida, asumir responsabilidades y contar con los apoyos que necesita para alcanzar sus objetivos. Por eso, el objetivo no debería ser que una persona necesite cada vez menos ayuda a cualquier precio.

El objetivo debería ser que pueda vivir de acuerdo con sus preferencias, tomar sus propias decisiones y participar activamente en su vida, con los apoyos adecuados.

Pasar de “hacer por” a “hacer con”.

De “yo decido por ti” a “decidimos contigo”.

De “no puedes” a “¿qué necesitas para poder hacerlo?”.

Ese cambio de mirada es una parte fundamental del camino hacia la vida independiente.

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