Vivir en una vivienda tutelada como la de Bona Gent significa para nosotros aprender cada día a compartir espacios, responsabilidades y momentos con otras personas que buscan construir su propia independencia.
En nuestra vivienda vivimos seis chicos y, como en cualquier hogar, la convivencia tiene sus normas, sus rutinas y también sus pequeños trucos para que todo funcione mejor.
Aunque el calendario dice que la semana empieza el lunes, para nosotros comienza realmente el domingo con la asamblea. Es el momento en el que recordamos las normas y las tareas de la semana siguiente, hablamos de cómo nos ha ido durante los últimos días, resolvemos dudas y comentamos los problemas o situaciones que han surgido en la convivencia.

Para que el trabajo sea justo, las tareas de la vivienda cambian cada semana. Más allá de la tarea que nos toque, lo importante es que cada uno asuma su parte para que la convivencia funcione.
Ese es el engranaje que marca nuestro ritmo de lunes a viernes, unos días que suelen ser bastante intensos. La vivienda se pone en marcha muy temprano entre los turnos de aseo, el desayuno y los preparativos para llegar puntuales a nuestras actividades, ya sea el trabajo, centros ocupacionales o cursos de formación.
Por las tardes seguimos en movimiento. Algunos vamos al gimnasio, otros a natación, a clases de baile, a terapias o a diferentes talleres. Cada uno participa en las actividades que forman parte de su día a día y de sus objetivos personales.
Cuando termina la jornada, después de las duchas y la cena, nos interesa saber cómo ha ido nuestro programa del día en relación con los objetivos de nuestro PAI (Programa de Atención Individualizada). Cada uno tenemos metas diferentes y una forma particular de trabajar en ellas. Conocer la valoración de los profesionales nos ayuda a ser conscientes de nuestros avances y de aquello que todavía necesitamos mejorar.

Aquí, un logro no es solo una frase bonita. Detrás de cada avance hay esfuerzo, constancia y, muchas veces, un camino con baches. Aprender a gestionar la frustración cuando algo no sale como esperábamos, tomar la iniciativa por nosotros mismos, comunicarnos de forma más asertiva o ganar confianza para desplazarnos solos en transporte público pueden parecer cosas sencillas para quien las ve desde fuera. Para nosotros son auténticas conquistas que nos acercan cada vez más a la autonomía.
Después del esfuerzo de toda la semana, el viernes llega uno de los momentos más esperados: el fin de semana. Es tiempo de disfrutar de todo lo conseguido. Es el espacio para el ocio, la desconexión y las actividades que más nos gustan. Algunos participamos en clubes de ocio y muchos aprovechamos para pasar unos días con nuestras familias.
Aun así, sabemos que no todo es perfecto. La convivencia entre seis personas con formas de ser diferentes no siempre es fácil. A veces surgen conflictos, desacuerdos o momentos de tensión, porque no todos pensamos igual ni nos llevamos bien a todas horas. Pero, en lugar de esconder esas dificultades, intentamos verlas como una oportunidad para seguir aprendiendo. Al final del día, con el apoyo de los profesionales, intentamos adquirir herramientas para gestionar los conflictos, comunicarnos mejor y resolver los problemas por nosotros mismos.